El más racional entre los racionales


Este ensayo tiene como objetivo resaltar el carácter racional del institucionalismo, el cual se sobrepone al también racional neorrealismo. Esta racionalidad, que se presume avanzada, del institucionalismo parte del precepto de las ganancias absolutas sobre las relativas dada la condición económica (reducción de costos) que la cooperación institucionalizada dota a los Estados. De esta manera, este punto remarcará la aparente irracionalidad del neorrealismo en cuanto a sus esfuerzos por excusar la cooperación en nombre de la soberanía. 

Para comenzar a definir esto, en primer lugar, se tienen que asentar las bases que dictan el carácter del Estado como sujeto de estudio del Institucionalismo y del Neorrealismo. Para esto se parte de la aseveración sobre un sistema anárquico planamente aceptado por ambas teorías, pues parte fundamental de lo que rige a la realidad internacional es la igualdad soberana que los Estados gozan. Asimismo, lo que hace real a esta igualdad soberana es la carencia o inexistencia de un organismo que se encargue de la gobernanza global de manera supranacional, pues éste iría en contra del principio que rige la realidad internacional.

 

 

El comportamiento Neorrealista

Dado lo anterior, se esboza la realidad sistémica del neorrealismo en la cual aun continua la predominancia del Estado como actor unitario y primigenio. Dicho asunto decanta en la racionalidad de que “states are cast as unitary actors wanting at least to survive and are taken to be the system's constituent units.” (Waltz, 1988, p.5)

Para el neorrealismo, esta conducta de los Estados no está dotada de una fuente interna o de la misma interacción de los Estados, sino del sistema en el que se ven involucrados. Dicho aspect sistémico parte de la premisa “Systems theories are theories that explain how the organization of a realm acts as a constraining and disposing force on the interacting units within it. Such theories tell us about the forces to which the units are subjected. From them, we can draw some inferences about the expected behavior and fate of the units.” (Waltz, 1988, p.5). De aquí se concluye que el comportamiento de los Estados no puede ser influenciado por agentes externos a él o internos ajenos a sus instituciones, pues “The dynamics of a system limit the freedom of its units, their behavior and the outcomes of their behavior become predictable.” (Waltz, 1988, p.5)

Descalificaciones neorrealistas sobre el Institucionalismo

Dentro de la lógica neorrealista, el comportamiento de los Estados se vuelve predecible debido a que las unidades responden a la naturaleza del sistema (anarquía). Éstas se encuentran en una competición constante por mantener su soberanía mediante la adquisición de poder, el cual brindará seguridad a los intereses nacionales y por ende al Estado. Es por esa naturaleza predictiva que los neorrealistas argumentan que la cooperación entre Estados no tendrá repercusiones en la conducta de las unidades, pues “institutions are basically a reflection of the distribution of power in the world. They are based on the self-interested calculations of the great powers, and they have no independent effect on state behavior.” (Mearsheimer, 1994-95, p.4)

Asimismo, un mundo de paz genuina o la cooperación total entre Estados no es posible por la misma naturaleza sistémica del neorrealismo. Esto desemboca en la aseveración de que “cooperation among states has its limits, mainly because it is constrained by the dominating logic of security competition, which no amount of cooperation can eliminate.” (Mearsheimer, 1994-95, p.6)

Tomando en cuenta el constante estado de competencia por seguridad se puede asegurar que los Estados conviven en un estado de constante paranoia, en el cual “states can never be certain about the intentions of other states… most basic motive driving states is survival. States want to maintain their sovereignty.” (Mearsheimer, 1994-95, p. 6). Dadas estas condiciones, los Estados se presentan reacios a establecer lazos de cooperación institucional con otros Estados. Es por eso y gracias al estado de anarquía y ausencia de gobernanza global supranacional, que los Estados, en el caso hipotético e institucionalista de recurrir a la cooperación bi o multilateral, se ven tentados a hacer trampa o engañar a los demás Estados con los que pactó debido a los beneficios relativos que esto conllevaría. 

La racionalidad del Institucionalismo

Con lo anterior expuesto es fácil desarmar el argumento neorrealista porque en esta actualidad de la realidad internacional hay instituciones regionales destinadas a la cooperación como lo son ASEAN, ALADI, o la Unión Económica Euroasiática. Estas instancias de cooperaciones internacionales parten del supuesto del institucionalismo el cual trata a los Estados como agentes racionales en un ambiente de anarquía, pues los acuerdos no pueden ser forzados, sino nacen de la voluntad soberana de los Estados. Esta voluntad para cooperar viene del mismo pensamiento racional egoísta atribuible a los Estados que pueden recurrir a la cooperación si ésta complace los intereses en común que pueda haber entre los agentes. 

La complacencia de los intereses a través de la cooperación cumple con la normativa racional egoísta de maximizar los intereses, con lo cual están también de acuerdo los neorrealistas y para lo cual remarcaron la relevancia de la posesión de información o inteligencia para así maximizar los intereses. Dada esta situación, se tiene que destacar que “institutions can provide information, reduce transaction costs, make commitments more credible, establish focal points for coordination, and in general facilitate the operation of reciprocity.” (Keohane & Martin, 1995, p.42). 

Con ese mismo punto se da por hecho el carácter racional del institucionalismo, el cual arremete contra la aseveración realista sobre que los estados preferirían las ganancias relativas debido a los costos de cooperación, pero esto no es así, pues “relative gains are unlikely to have much impact on cooperation if the potential absolute gains from cooperation are substantial. (Keohane & Martin, 1995, p.44)” Asimismo, esto se aúna a la capacidad de reducir costos que las instituciones proveen a través de la información. 

Simultáneamente, el neorrealismo argumenta que los intereses de los Estados al velar por sus propias soberanías se vuelven difusos. Esta difusión de intereses, según el institucionalismo, se engloba y se decanta en la visión sobre que los “relative gains (de permanecer solo) are unlikely to have much impact on cooperation if the potential absolute gains from cooperation are substantial.” (Keohane & Martin, 1995, p.44) y que la institución forjada entre los Estados será un mecanismo coordinante que brinda, como ya se ha visto, mayor certeza. 

Esta mayor certeza de las instituciones también es capaz de opacar el egoísmo e individualismo de los Estados que persiguen las ganancias relativas a través del engaño o la trampa, situación primaria para los neorrealistas para nulificar procesos profundos de cooperación. Esto lo logran las instituciones mediante el instrumento de cooperación coercitiva. Este procedimiento consiste en el castigo económico de quién haga trampa o falta a los principios del acuerdo entre Estados. Dicho mecanismo es acordado por los Estados firmantes para dotar a la institución que crean de un mecanismo que asegure el cumplimiento del Derecho Internacional que emana de dicha institución. 

Conclusión

Se tiene claro que la racionalidad egoísta de los Estados nunca se puso en duda en ninguna de las dos teorías, pero se tiene que destacar que una, el institucionalismo, es la más racional de las dos. ¿Por qué? Porque el institucionalismo argumenta la competencia entre las ganancias relativas y absolutas termina siempre a favor de las absolutas, pues estas son producto de un proceso de cooperación el cual a través de la institución que procrea reduce los costos que los Estados participantes pudieron haber encontrado en el camino para maximizar sus intereses de manera solitaria. Simultáneamente, las instituciones forman mecanismos coercitivos cooperativos que aseguran la paridad cooperativa entre los Estados miembros, pues establece consecuencias reales a aquél que haga trampa. Esto asegura un comportamiento más racional de los Estados, pues los hace considerar las ganancias absolutas sobre las relativas debido al alto costo que representaría perseguir las ganancias relativas, ya sea en solitario o una vez dentro de una institución dirigida a la cooperación. Aunado a esto también entra el carácter caduco de una teoría basada en el realismo, pues dada la multiplicidad de agentes en el mundo post bipolar que son capaces de influenciar la conducta de los Estados dentro de los cuales figuran las instituciones. 

A esta nueva etapa de las Posguerra Fría se le dotó de un aspecto globalizante que hizo que los retos que los Estados pudieran enfrentar se volvieran más allá de la esfera unitaria o regional hacia la global. Este aspecto del cosmopolitismo, que servirá como argumento para la avanzada racionalidad institucionalista, se basa en que esta etapa de la realidad internacional pone en jaque a la tradicional visión de distinción entre lo local y lo foráneo (Held, 2003). Gracias a esta nueva fisionomía internacional, los Estados se ven casi obligados a recurrir a la cooperación dado el inevitable carácter compartido de los problemas mundiales de esta era.

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Bibliografía: 

Kenneth Watz. (1988). The Origins of War in Neorealist Theory. The Journal of Interdisciplinary History, 18, 615-628. 07-08-2018 22:57 UTC, De JSTOR Base de datos.

John J. Mearsheimer. (1994-1995). The False Promise of International Institutions. International Security, 19, 5-49. 17-08-2018 01:50 UTC, De JSTOR Base de datos.

Robert O. Keohane and Lisa L. Martin. (1995). The Promise of Institutionalist Theory. International Security, 20, 39-51. 20-08-2018 16:08 UTC, De JSTOR Base de datos.

Held, David. (2003). Cosmopolitanism: Globalization tamed? Review of International Studies, 29, 465-480. 08-11-2018, De JSTOR


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